4 de noviembre 1970

Por fin ha llegado el tiempo del cambio. Por fin ha vencido la Unidad.

Este Gobierno trae algo que ningún otro: una promesa. Un futuro diferente, uno que no nos pertenece. No a nosotros, sino a nuestros niños. Nosotros no somos los hombres del mañana, los nuevos hombres, son ellos: nosotros estamos aquí sólo para cimentar su camino. Nunca habíamos escuchado algo tan cierto.

La Comunidad Tierramanecer ha cambiado mucho desde que se formó. Quizá lo único que se ha mantenido en todo este tiempo es la desaprobación de nuestros respectivos padres biológicos. Antes casi por una simple cuestión de moda y de gustos, ahora, y ahora más que nunca, por razones políticas. Pero nunca nos habíamos sabido tan ciertos en nuestras ideas. Y esta vez aquí, no en Gringolandia ni en Méjico, aquí como en ningún otro lugar del mundo.

Ya no somos los jóvenes que hace más de tres años partieron en un viaje psicodélico por los Estados. Ya no somos jóvenes, ahora somos responsables de algo más que sólo nosotros: somos responsables del futuro, y el futuro no está en nosotros ni en Salvador Allende, está en la verdadera juventud. Nosotros sólo tenemos nuestro trabajo. Es lo único que de verdad nos pertenece. Si queremos dar algo de nosotros el trabajo de nuestras manos es lo único que vale.

Es por eso que vamos a los Días del Trabajo Voluntario, y ahora entendemos por qué nos llamó tanto la atención el modelo de los Diggers. Porque se puede construir algo mejor si ponemos nuestro trabajo libre en ello. Para nosotros y para los que siguen. Las cosas están cambiando y aunque nosotros no seamos la promesa de este gobierno somos nosotros los que la vamos realizar, porque no es el gobierno de unos sino de todos. El Programa es para todos, y somos todos los que lo debemos llevar a cabo con nuestra fuerza.

Chile ha sido siempre un país distinto a los demás, una excepción. No es de sorprenderse que aquí haya salido electo el primer presidente marxista de occidente. Sólo esperamos (más bien, trabajamos para) que nuevos cambios insospechados lleguen a nuestra puerta. Estuvimos en Haight Ashbury , en el seno del mvimiento hippie, pero nunca habíamos sido tan partícipes de algo. Nunca habíamos tenido tanta visión por delante. Nunca habíamos encontrado el futuro tan cerca nuestro.

Despresurización

Hemos vuelto a emerger de entre las profundidades, despresurizado la cabina, esta vez para saborear el aire de nuestro país. Este es el fin de nuestro viaje físico pero no el de nuestro viaje espiritual, el cual continuará por el resto de nuestras vidas.

Nos encontramos bajo el gobierno de Frei Montalva, en cuyo mandato ha ampliado la educación obligatoria y ha comenzado el proceso de chilenización del cobre y la reforma agraria. Nosotros apoyamos estas decisiones aunque no estemos de acuerdo con su conservadurismo cristiano.

Tenemos que admitir que nos sentimos algo solos y reprimidos acá. Donde antes vivíamos vivíamos en un parque poblado de gente como nosotros, donde podíamos incurrir en la práctica que quisiéramos debido a la casi nula acción de la ley, ahora sólo nos encontramos con nosotros mismos, la Comunidad Tierramanecer (incluso menos que antes, por Paz y su voluntad de quedarse en los Estados con su pareja, Regina) y sólo podemos usar las difíciles de conseguir drogas en la privacidad de nuestros hogares. No es lo mismo.

Sin embargo, encontramos expresiones chilenas en las que nos vemos reflejados . Ayer fuimos a la tienda de música y encontramos un vinilo de Quilapayún con Víctor Jara, del año pasado. Aunque antes de nuestras partida estos grupos musicales no eran de nuestro agrado por considerarlos muy comunistas, en Estados Unidos cambiaron muchas de nuestras ideas acerca de la sociedad en comunidad. Más aun, hemos llegado a depreciar un poco a aquellos que antes conocíamos como nuestros amigos hippies, por no ser tales en realidad. A decir verdad, al escuchar nuevamente a estos grupos hemos encontrado una revelación comparable a aquella que vivimos con los Diggers. El vestirse de negro para demostrar que la ropa ni el color importan es algo que nuestros contemporáneos no son capaces de entender ni asimilar. Vestirte de colores y con poleras teñidas no te hace hippie, especialmente cuando compraste toda tu ropa. Tampoco te hace un inútil para la sociedad o un revolucionario, aunque los más conservadores lo vean así. Además, todos somos seres humanos sin importar lo que llevemos puesto.

Más increíble aun fue encontrarnos en este álbum, llamado Canciones folclóricas de América, un tema de hecho israelí. El octavo track del álbum, Noche de rosas, cuyo verdadero título es Erev Shel Shoshanim, es un hit en ese joven país de medio oriente, pero ¿qué tiene que ver con América? ¿Cómo es que puede estar considerado dentro del folclor de latinoamérica, si ni siquiera está en español? De hecho, esto dice mucho de Víctor Jara y los Quilapayún: en un mundo sin naciones, donde todos somos iguales, donde todo lo que hacemos es por y para todos, la música no es la excepción. El folclor de un pueblo es el folclor de la humanidad.



Diario de la Cabina Presurizada - Inmersión

Y así concluye nuestra experiencia en los Estados Unidos, nuestra cuna ideológica, y nos sumergimos bajo las aguas en nuestro Submarino Amarillo, no sin antes despedirnos de nuestros hermanos que nos acogieron y nos entregaron más de lo que vinimos a buscar. Hemos hecho la ruta de vuelta a nuestro país natal a través de la carretera y los pueblos de América, para conocer sus culturas y encontrarnos con hermanos hippies de diferentes tierras. Sin embargo, aunque el viaje ha sido una experiencia maravillosa, no hemos encontrado aunque sea los atisbos de revolución que esperábamos ver en las ciudades de América. Lo que más se acerca a nuestras expectativas es la escena jipiteca mexicana, que ha sabido recoger nuestras ideas adaptándolas a su contexto, como su autodenominación lo pone de manifiesto, y que es lo que cada grupo cultural debiera hacer. Al parecer el resto de la gente aun joven de otros pueblos, más tradicionales, han demorado en tener noticias de nuestro movimiento, o más aun, han fallado en asimilar nuestra forma de vida. Pero el hippismo no es un estilo de vida único, cada comunidad debe buscar la libertad en las áreas que necesite y en la forma en que se le acomode. Aunque instalados en la sociedad de consumo como estamos, pareciera que todos nos vemos afectados por ello de la misma forma, pero el hecho de que estemos en contextos diferentes nunca va a cambiar y por eso ser hippie no debe ser calcar el modelo gringo, sino buscarlo en nuestros propios hogares y cultura. Pronto llegaremos a Chile y veremos cómo le estará llendo a nuestros hermanos allá.

Una de las cosas que más nos sorprendieron allá en los Estados, fueron los conciertos de Grateful Dead y su comunidad apéndice: los deadheads. Ellos representan mucho de lo que es el hippismo original. Los deadheads son los fans de esta banda de rock folk, quienes siguen y asisten a cada uno de sus conciertos, siendo tan nómades como la misma banda. Para financiarse en sus estancias pasajeras venden poleras tye-dye (anuda y tiñe), sandwiches, globos con óxido nitroso entre otras cosas hechas por ellos. La misma banda incita a estos cabezasmuertas a grabar sus conciertos, y tanta es la preocupación de estos fans por The Dead que reparten bolsas en los eventos para que la gente deposite concientemente su basura en ellos y no mancille la escena del público con las grandes acumulaciones de esta que se suelen producir en estas aglomeraciones musicales. Así, estos deadheads combinan el gusto del viaje y la música, la vida en comunidad, la conciencia ecológica, la simpleza y la autosustentación en su estilo de vida, siendo un modelo de hippie a seguir.